LA OTRA CARA DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES
Queridos hermanos:
El milagro de la multiplicación de los panes es uno de los relatos más conocidos del Evangelio. Solemos fijarnos en el extraordinario poder de Jesús, que alimenta a una multitud con solo cinco panes y dos peces. Sin embargo, el evangelio de san Mateo nos presenta un detalle que merece especial atención.
Al caer la tarde, los discípulos le proponen a Jesús una solución muy práctica: “Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer” (Mt 14,15). En el fondo, buscaban desentenderse del problema. Pero Jesús les responde con firmeza: “Denles ustedes de comer” (Mt 14,16). Con estas palabras les devuelve la responsabilidad que querían evitar y les hace comprender que las necesidades de los demás también nos conciernen.
Ese es el mensaje central del Evangelio. Es más fácil pedir a Dios que remedie el hambre, el sufrimiento o las dificultades de nuestros hermanos que comprometernos personalmente para aliviar esas necesidades. El verdadero milagro comienza cuando dejamos de mirar hacia otro lado y estamos dispuestos a compartir lo poco que tenemos. Los discípulos pensaban que cinco panes y dos peces eran insignificantes, pero, puestos en las manos de Jesús, fueron suficientes para alimentar a todos.
También hoy ocurre lo mismo. Cuando prevalece el egoísmo, siempre parece faltar; cuando compartimos con generosidad, descubrimos que Dios multiplica nuestros esfuerzos y hace posible lo que parecía imposible. El Señor sigue diciéndonos: “Denles ustedes de comer”, invitándonos a hacernos responsables del bien de nuestros hermanos.
Pidámosle que nos conceda un corazón generoso, capaz de compartir y de comprometerse con las necesidades de los demás. Así, junto con nuestra oración para que Dios venga en ayuda de quienes sufren, también nosotros podremos convertirnos en instrumentos de su providencia y de su amor.
P. Tito Romero, CM.



















