092017 circular superior general
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A todos los miembros de la Congregación de la Misión

Carta circular para la fiesta de san Vicente de Paúl

« HACIA UNA CULTURA RENOVADA

DE LAS VOCACIONES A LA VIDA CONSAGRADA »

Mis queridos cohermanos,

¡La gracia y la paz de Jesús estén siempre con nosotros!

En este año jubilar del 400º aniversario del carisma vicenciano, tenemos muchos motivos para dar gracias al Señor.

Un motivo por el que debemos dar gracias a Jesús, es por la entrega de millares y millares de cohermanos que, a lo largo de los 400 años de historia, han mantenido el carisma vivo hasta nuestros días. Por la gracia de Dios, nos lo han transmitido de generación en generación. Millares de ellos han alcanzado el estado de santidad, algunos están reconocidos oficialmente por la Iglesia como beatos o santos. Todos están ahora en el paraíso, desde allí interceden por nosotros y nos acompañan en el camino de la vida, en nuestra propia peregrinación hacia la unión total y eterna con Dios.

Al abordar la pastoral de la promoción de la vocación a la vida consagrada y mirar hacia el futuro de la Congregación y de sus miembros, así como en el del carisma vicenciano como 2

tal, es de suma importancia, la profundidad de nuestro compromiso personal, de nuestro celo y de nuestra convicción. Deseo que uno de los frutos concretos del año jubilar del 400º aniversario de nuestro carisma sea “una cultura renovada de las vocaciones a la vida consagrada”. Por cultura de las vocaciones a la vida consagrada, entiendo un ambiente en el que las vocaciones a la vida consagrada crecerán naturalmente, en el que la respuesta a la invitación de Jesús, “sígueme”, será aceptada y no considerada como una opción de vida extraña o censurable. Queremos crear un entorno en el que sea “normal”, y no “anormal”, para todo joven decidir seguir a Jesús, en nuestro caso concreto, siguiendo los pasos de Vicente de Paúl en la Congregación de la Misión como hermano o sacerdote.

Cuando hablo de una cultura renovada de las vocaciones a la vida consagrada en general, soy muy consciente de que, en numerosas regiones del mundo, tal cultura ya está presente. Sin embargo, en otros lugares, la sociedad no es favorable en absoluto a la promoción de las vocaciones a la vida consagrada; a menudo se opone a ella, utilizando diversos medios para minar tal entorno.

En mi carta del 25 de enero de 2017, al comienzo del 400º aniversario del carisma vicenciano, invité a todos los miembros de la Familia vicenciana a una acción muy concreta; es decir, que cada miembro debe llevar un nuevo candidato a una de las ramas de la Familia vicenciana. Desde entonces, ha transcurrido un poco más de la mitad del año, y al celebrar la solemnidad de nuestro Fundador, cada uno de nosotros puede responder individualmente a las siguientes preguntas:

 ¿Cómo he respondido hasta ahora a esta invitación?

 ¿En qué medida me he comprometido durante la primera mitad del año jubilar en este aspecto?

 ¿He animado a alguien a comprometerse en una de las ramas de la Familia vicenciana, ya sea en una de las Congregaciones femeninas o masculinas de vida consagrada, o en una de las ramas laicas?

Al entrar en la segunda mitad del año jubilar, renuevo con fervor esta invitación a cada cohermano, esta vez concretamente orientada hacia la vida consagrada, una invitación a realizar todos los esfuerzos posibles para ayudar a los jóvenes a responder a la llamada de Jesús. Quisiera subrayar muy especialmente este objetivo al celebrar la solemnidad de san Vicente de Paúl, en este 400º aniversario del carisma vicenciano. Pido a cada cohermano que esté abierto y haga todo lo posible por animar a un joven a discernir, por medio de la oración, el contacto personal y el acompañamiento, según las posibilidades, si siente que Jesús le llama a la vida consagrada.

Numerosos cohermanos trabajan sin descanso al servicio de la promoción de las vocaciones y estoy convencido de que, durante este año jubilar, ya hemos visto o veremos frutos concretos, al comprobar que nuevos candidatos abrazan la vida consagrada, más específicamente en la Congregación de la Misión, así como en otras Congregaciones de la 3

Familia vicenciana. Por eso, les doy las gracias desde el fondo del corazón. El mismo san Vicente sería de esta opinión:

“Doy gracias a Dios por los actos extraordinarios de devoción que piensan ustedes hacer para pedirle a Dios, por intercesión de san José, la propagación de la compañía. Ruego a su divina bondad que los acepte. Yo he estado más de veinte años sin atreverme a pedírselo a Dios, creyendo que, como la congregación era obra suya, había que dejar a su sola providencia el cuidado de su conservación y de su crecimiento; pero, a fuerza de pensar en la recomendación que se nos hace en el evangelio de pedirle que envíe operarios a su mies1, me he convencido de la importancia y utilidad de estos actos de devoción”.2

1 Cf. Lucas 10,2

2 SVP V, 439. Carta 2040 a Esteban Blatiron, Superior de Génova, 12 de noviembre de 1655.

Para renovar la cultura de las vocaciones en la vida consagrada, quisiera sugerir centrar la atención en los tres grupos siguientes:

• Los miembros de la Congregación de la Misión

Al señalar este punto, soy muy consciente de que no digo nada nuevo. El tema de la vida consagrada ha sido muy abordado y subrayado a lo largo de la historia de la Congregación de la Misión. Así pues, quisiera simplemente añadir mi voz y lanzar al mismo tiempo una nueva llamada a todos los miembros de la Congregación de la Misión a trabajar sin descanso en la renovación de una cultura de las vocaciones a la vida consagrada.

Le recomiendo encarecidamente trabajar en el ministerio de la promoción de vocaciones con iniciativas, planteamientos, e ideas nuevas y renovadas. Es una oportunidad estupenda. Si, por alguna razón, en una Provincia, Vice-Provincia, Región, o Misión Internacional, no hay un plan pastoral activo y concreto para promover vocaciones en el lugar, o si el plan no se revisa anualmente para ver cómo procedemos en una situación o entorno dado, entonces esto debe hacerse sin demora en este año jubilar, para mantener vivo el fuego año tras año.

Como miembros de la Congregación de la Misión, nuestra prioridad debe ser asumir la responsabilidad de la pastoral vocacional y continuar construyendo una cultura de las vocaciones a la vida consagrada. Para cada cohermano, esto debería ser un signo visible y esencial del amor por el carisma que hemos heredado, por la Congregación de la Misión de la que somos miembros, por la Iglesia, por el Reino.

 Los miembros de las ramas laicas de la Familia vicenciana

Hace algunos meses, un responsable internacional de una rama laica de la Familia vicenciana contactó conmigo y me hizo una proposición orientada a animar a todas las ramas laicas de la Familia vicenciana a participar activamente o a continuar 4

participando en la promoción de la cultura de las vocaciones a la vida consagrada en las Congregaciones de la Familia vicenciana. Este miembro laico expresó esta iniciativa en estos términos: “Ustedes, hermanas, hermanos y sacerdotes de la Familia vicenciana, han hecho y hacen mucho por los laicos. Nos gustaría hacer algo por ustedes a cambio”. ¡Qué maravilloso ánimo, apoyo e iniciativa por parte de un miembro laico de la Familia vicenciana!

Quisiera invitar y animar individualmente a cada miembro de una rama laica de la Familia vicenciana a continuar comprometiéndose o a comprometerse activamente en el desarrollo de una cultura de las vocaciones, más especialmente para las diferentes Congregaciones de la Familia vicenciana. Esto será signo claro de que la puesta en marcha de una cultura de las vocaciones a la vida consagrada no está reservada exclusivamente a las personas comprometidas en ella – hermanas, hermanos, sacerdotes – sino que todos los fieles de la Iglesia, todos los miembros de la Familia vicenciana, tanto los laicos como los consagrados, son responsables de ella.

El enfoque, las maneras de participar, a veces pueden ser diferentes de una rama a otra, pero el objetivo sigue siendo el mismo: nosotros, como Familia vicenciana, participamos todos en la puesta en marcha de una cultura de las vocaciones a la vida consagrada. ¿Cómo puede participar una rama laica concretamente en esta tarea?

 Orar regularmente, individualmente o en grupo, pidiendo nuevas vocaciones a la vida consagrada.

 Estar atentos a los signos que indican que quizás Jesús llama a un joven o a una joven a seguirle como hermana, hermano o sacerdote, y animarle en esta dirección.

 Al hablar con los jóvenes, presentar esta opción de la vida consagrada como una opción muy concreta. Cuando hablamos del matrimonio, también debemos hablar de la vida consagrada, para que ellos la consideren como una opción muy normal, una llamada normal y una respuesta normal a un compromiso de vida.

Este año jubilar es una excelente ocasión de continuar o de comenzar a animar iniciativas renovadas o nuevas. Las ramas laicas de la Familia vicenciana, juntas, pueden crear un ambiente, una cultura, que será receptiva a la llamada a la vida consagrada como una respuesta normal para realizar la misión confiada. Las ramas laicas viven el mismo carisma y la misma espiritualidad. Son un medio natural donde nacen nuevas vocaciones a la vida consagrada.

• Las personas de fuera de la Familia vicenciana

La cultura de las vocaciones a la vida consagrada no está limitada únicamente a la Familia vicenciana, sino que debe ser realizada, renovada o emprendida en toda la sociedad para hacer de la vocación una opción normal y lógica, entre otras opciones, en respuesta a la invitación a seguir a Jesús en su misión. A nivel de la Congregación, una de las formas en las 5

que tratamos de comprometernos y de participar en la renovación de la cultura de las vocaciones a la vida consagrada, es desarrollar los medios de comunicación digitales y sociales, poner en marcha iniciativas y enfoques nuevos o renovados para transmitir el mensaje a un número de personas lo más amplio posible.

Cuando nos preparamos para celebrar la solemnidad de san Vicente de Paúl en este año jubilar del 400º aniversario del carisma vicenciano, continuemos comprometiéndonos a poner en marcha la cultura de las vocaciones a la vida consagrada en todos los lugares donde servimos. Contamos con nuestras propias capacidades, pero siempre con un compromiso total y un fuego interior, de manera que nuestro amor por el servicio pastoral de la promoción de nuevas vocaciones sea siempre “afectivo y efectivo”.

Demos gracias a Dios por todas las vocaciones a la vida consagrada que recibimos de las manos misericordiosas de Jesús, pues, a fin de cuentas, es su misericordia a la “Pequeña Compañía” lo que hace posible este milagro. Como nos recordó San Vicente:

¡Cuánto vale un buen misionero! Es Dios mismo el que tiene que suscitarlo y moldearlo; es obra de su omnipotencia y de su gran bondad. Por eso Nuestro Señor nos recomendó expresamente que pidiéramos a Dios que envíe buenos obreros a su viña; porque efectivamente, no serán buenos si Dios no los envía, y de éstos basta con unos pocos para hacer mucho.3

Que Nuestra Señora de la

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