DISPUESTOS A IR A LA VIÑA DEL SEÑOR
Una de las situaciones a las que tuvo que enfrentar la comunidad cristiana fue cómo adecuar las relaciones sociales que imperaban en el mundo judío y grecorromano a la vida fraterna de los discípulos del Señor. De este modo, los amos pasaban a estar en igualdad de condiciones con sus esclavos en las asambleas litúrgicas, aunque en los marcos sociales estos últimos les debían sumo respeto y obediencia. Algo debía de cambiar en estas relaciones, porque la honorabilidad ya no era algo sustentado en las categorías sociales de la época (códigos domésticos), donde el siervo debía sumisión a su patrón, sino más bien, debía regirse desde el mejor ejemplo de patronazgo que podía darse, el ejercicio de la bondad de Dios. Pues bien, la parábola que escucharemos en la liturgia de este domingo nos acerca a esta situación en el ámbito eclesial, de la que va tratar el evangelista Mateo. La exageración de la parábola se encuentra en la actitud del dueño de la viña que decide pagar el mismo honorario, un denario, a todos sus trabajadores, aunque estos hayan laborado por diferentes horas. Se supone que, dentro de la lógica humana, los que realizaron el trabajo desde temprano debían ganar más que los que llegaron últimos a laborar, pero en realidad el amo no faltó a su palabra con ninguno, porque consideró en justicia darles a los primeros lo acordado, un denario (lo que valía el jornal), y a los demás, lo que le motivó su benevolencia, que resultó ser lo mismo. Al final, el amo aquel no perjudicó a nadie. Por tanto, quien no es capaz de aceptar esta nueva imagen de Dios en su infinita bondad, tendrá muchos problemas de adaptación a la fraternidad cristiana. Algo que se puede desprender de esto, puede ser ciertas posturas extrañas en miembros de la comunidad que empiezan a sentirse opacados por la irrupción de nuevos miembros en la comunidad, y comenzamos a sentir envidia y los terminamos de apartar de la convivencia fraterna, olvidando que aquellos se acercaron por la bondad de Dios. Al final, terminamos de quedar mal nosotros, pero corremos el riesgo de comprometer el camino de fe de nuestro prójimo.
Podemos constatar así, que tenía razón el profeta Isaías: nuestros caminos no son los caminos de Dios. Debería alegrarnos que muchos más hermanos encuentren a Dios, mientras esté cerca y se deje encontrar, y mejor si nosotros mismos somos esos vehículos de comunicación para que nuestros hermanos se abran a la bondad y misericordia de Dios. El “Segundo Isaías” concluye así su reflexión, dejando la posta al pueblo judío para que tome su decisión, pues el Señor ya se presentó ante ellos como su consolador y redentor. ¿Israel lo aceptará nuevamente?
El salmo 144 es un himno de alabanza y acción de gracias al único rey de Israel, el Señor, dispuesta su composición según el alfabeto hebreo. Evoca la memoria de la acción salvífica de Dios en el pasado confirmando la bondad y la compasión del Señor que gobierna eternamente.
Pablo comparte su discernimiento espiritual acerca de la prisión que viene afrontando. Podría haberse entendido como el fracaso de la misión, pero más bien se ha convertido en oportunidad de progreso para la evangelización. Pablo sabe que muchos otros, como los judeocristianos partidarios de la circuncisión han llevado también el evangelio como él, pero no se debería pensar que, porque Pablo está preso, aquellos tenían razón sobre su persona, desacreditando así su misión. De este modo, la experiencia de sufrimiento en la cárcel le da mayor autoridad ante los filipenses, y lo expresa en términos económicos, pues considera que ha recibido la revelación de Cristo en su vida y eso le debe llevar a alegrarse plenamente pues ha obtenido la mayor “ganancia” de su vida. Esto le hace plantear un dilema, puesto que ya desearía vivir la plenitud de la vida entregándola como su Señor (Pablo estaba en la cárcel cuando escribe esta carta), pero considera importante seguir trabajando por el Reino dando testimonio de su fe en Cristo a más hermanos por la autoridad recibida. Sin duda, un hermoso testimonio que brota del corazón de un gran misionero.
Puede parecer extraño el proceder de Dios en determinados momentos de nuestra vida, pero debemos estar abiertos a la sorpresa de su designio salvador. Es posible que hasta su gran bondad termine por desestabilizarnos, pues pensamos muy egoístamente que solo nos debe mirar a nosotros por lo bien que actuamos. Por otro lado, cuando nos suceden situaciones adversas, no logramos sopesarlas convenientemente, y estas resultan ser experiencias instructivas y edificantes, una vez superadas. Hay tanto que aprender de la vida y tanto que aprender de Dios, solo necesitamos pedirle al Señor un corazón dócil y perseverante.



















