JUSTICIA + CARIDAD = REINO DE DIOS
Queridos hermanos:
Los acontecimientos políticos que estamos viviendo en nuestro país nos están dejando muchas conclusiones, aunque no necesariamente buenas. Hemos visto cómo la política, que debería buscar el bien común, puede convertirse en la búsqueda del propio beneficio. Y este mismo egoísmo puede contaminar también la justicia: las leyes, creadas para garantizar el orden y el equilibrio de la sociedad, pueden terminar utilizadas para defender intereses particulares o perjudicar al otro.
Todo esto nos muestra que la justicia, por sí sola, no basta para construir una sociedad mejor. Tradicionalmente se la ha definido como “dar a cada uno lo que le corresponde”. Sin embargo, cuando se entiende únicamente como retribución, puede alimentar el círculo de la venganza: “si la haces, la pagas”. Para superar esta visión hace falta algo más. Y precisamente de eso nos habla el evangelio de este domingo.
Jesús cuenta la parábola del dueño de una viña que contrata trabajadores a distintas horas y, al terminar la jornada, paga a todos el mismo salario (cf. Mt 20,1-16). Los que habían trabajado desde temprano protestan porque reciben lo mismo que quienes trabajaron solamente una hora. Su reclamo parece justo según nuestros criterios. Pero Dios nos recuerda por medio del profeta Isaías: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son mis caminos” (Is 55,8).
El dueño responde: “Amigo, no te hago ninguna injusticia… Quiero darle a este último igual que a ti” (cf. Mt 20,13-14). Aquí descubrimos una lógica diferente. Dios no se limita a dar a cada uno lo que merece. Podríamos decir que la justicia de Dios consiste en dar a cada uno más de lo que merece.
La diferencia está en la caridad. Dios siempre nos ha dado mucho más de lo que nuestra fidelidad merece, porque el amor busca el bien del otro. Por eso Jesús supera el “ojo por ojo y diente por diente” y nos invita a poner la otra mejilla, amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos hacen daño. La caridad no elimina la justicia, sino que la lleva más allá.
Queridos hermanos: las circunstancias actuales nos recuerdan que la justicia sola no basta. Necesitamos una justicia iluminada por la caridad. Y esto no vale solamente para quienes gobiernan o administran justicia, sino también para nosotros. Si pensamos un poco más en el bien del otro y un poco menos en nuestro propio beneficio, incluso cuando ese otro nos haya hecho algún mal, nuestra manera de actuar comenzará a parecerse a la de Dios.
Quizá no podamos cambiar inmediatamente a nuestros políticos ni a quienes administran justicia, pero sí podemos cambiar nuestra manera de reaccionar ante las injusticias. Cuando a la justicia le añadimos caridad, comenzamos a construir el Reino de Dios.
P. Tito Romero, CM.



















