“HOSANNA” VS “CRUCIFÍCALO”
El Domingo de Ramos inaugura la Semana Santa con la evocación de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Este gesto, que se revive en nuestras comunidades, no es simplemente simbólico, sino profundamente profético. Jesús decide entrar montado en un burro, cumpliendo así la profecía de Zacarías, que anunciaba la llegada de un rey humilde y pacífico. Con este signo, Jesús se revela como el Mesías esperado, no como un rey poderoso según criterios humanos, sino como un salvador que trae la paz y vence desde la humildad. La multitud comprende el gesto y lo aclama con entusiasmo, reconociéndolo como el enviado de Dios.
Sin embargo, ese mismo pueblo que lo vitorea será el que días después pedirá su crucifixión. Este cambio pone en evidencia la fragilidad de una fe basada solo en emociones o conveniencias. La fidelidad cristiana, en cambio, está llamada a ser firme incluso en medio de la dificultad, a ejemplo de Jesús, cuya fidelidad lo llevó hasta la cruz.
También aparecen otros personajes cuyas actitudes reflejan realidades actuales. Los fariseos, que rechazan a Jesús por no ajustarse a sus expectativas, representan a quienes hoy prefieren ignorar a Dios o excluirlo de la vida pública y personal. Asimismo, en la pasión vemos actitudes que pueden repetirse en nosotros: la cobardía de Pedro, la traición de Judas, la indiferencia de Pilatos, la cerrazón del Sanedrín o la manipulación del pueblo. Todas estas conductas tienen una raíz común: el miedo, especialmente al cambio que implica acoger el mensaje de Jesús.
Frente a ello, el cristiano está llamado a una actitud contraria: la valentía. Jesús mismo experimentó miedo, pero no se dejó dominar por él; eligió ser fiel a la voluntad de Dios hasta el final. Hoy se necesitan cristianos valientes, capaces de superar el miedo y anunciar con firmeza el Evangelio, aun cuando implique dificultades o sacrificio. Este es precisamente el mensaje central de la semana santa que hoy comenzamos: junto a la cruz está siempre la resurrección. En definitiva, el miedo no puede guiar la vida cristiana; Jesús ha mostrado que, con Dios, es posible vencerlo.
P. Tito Romero, CM.



















