LO QUE EL CÉSAR NO PUEDE RECLAMAR
Queridos hermanos:
La frase que pronuncia Jesús en el evangelio de hoy es una de las más conocidas, aunque no siempre se la ha interpretado correctamente: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. ¿Qué quiso decir realmente Jesús con esta frase?
Para comprender su respuesta, debemos recordar que, en tiempos de Jesús, Palestina estaba sometida al dominio romano. Los judíos debían pagar un tributo al emperador utilizando una moneda que llevaba grabada su imagen y una inscripción que lo presentaba como hijo del divino Augusto. Aquello resultaba ofensivo para la fe judía. Tener y usar una moneda de esas, era como consentir una idolatría.
Cuando los fariseos y herodianos preguntan a Jesús si es lícito pagar el tributo, le están tendiendo una trampa. Si responde que no, podrán acusarlo de rebelarse contra Roma; si responde que sí, quedará desacreditado ante el pueblo. Pero Jesús los sorprende. Les pide que le muestren la moneda del impuesto y les pregunta de quién son la imagen y la inscripción que aparecen en ella. “Del César”, responden. Entonces pronuncia su célebre frase.
“Den al César lo que es del César”. Con esta primera parte de la frase, Jesús nos recuerda que tenemos obligaciones legítimas con la sociedad. Como cristianos, debemos contribuir al bien común y cumplir honestamente nuestras responsabilidades ciudadanas. Pero la segunda parte de la respuesta es todavía más importante: “Y a Dios lo que es de Dios”. ¿Qué le pertenece a Dios? Si la moneda lleva grabada la imagen del César, es el ser humano quien lleva grabada la imagen de Dios (cf. Gn 1,27). Por tanto, si al César le corresponde su moneda, a Dios le pertenece el ser humano, creado a su imagen y semejanza. Nadie tiene derecho a manipularlo, explotarlo, oprimirlo o tratarlo como un objeto. Su dignidad está por encima de cualquier poder político, económico o religioso.
Hermanos, podemos dar al César lo que legítimamente le corresponde, pero nunca aquello que pertenece exclusivamente a Dios. Que sepamos reconocer, respetar y defender la imagen de Dios que está presente en cada ser humano.
P. Tito Romero, CM



















