TIEMPO DE SACIEDAD
El silencio de Dios durante el exilio se acaba con la manifestación salvadora de su presencia ofreciendo una nueva oportunidad al pueblo elegido, pero este se resiste. El anuncio del consuelo que le puede dar y el fin de su cautiverio, no da la suficiente garantía para que se restablezca la confianza nuevamente. Al terminar ya la parte que corresponde al llamado “Segundo Isaías”, se reitera una vez más, la oferta de salvación de Dios para Israel representado en las fuentes de agua, a las cuales pueden acercarse a saciar su sed sin mediar pago alguno, así como también adquirir trigo, vino y leche, elementos básicos de la alimentación de la población. Pero, aunque eso resulte necesario para renovar la confianza en el Señor, tampoco eso resulta ser lo que plenamente les satisfará, sino más bien la Palabra del Señor, pues Dios no olvida la promesa hecha a David, la alianza de eterna de un descendiente. La esperanza mesiánica se aferrará a esta profecía.
El salmo 144 es otro de los salmos que sigue una estructura alfabética donde se alaba al Dios rey y soberano que ha dejado su huella en la historia revelando su bondad y su compasión, con lo que se puede invitar a la confianza a futuro.
En el evangelio, una nueva sección narrativa revela una primera retirada de Jesús, pero se conjuga con un episodio donde Jesús nuevamente se mueve a compasión para atenderles y curarlos. Pero, además, este autor decide contar la narración en que Jesús dio de comer a una gran multitud, confrontando a sus discípulos que veían más conveniente despedir a toda esa gente. En esta versión la reacción de los discípulos es inmediata, pues, manifiestan, sin mayores atenuantes, que tienen solo cinco panes y dos peces, como sí lo hace la narración del evangelio de Marcos, e incluso también se menciona la orden de Jesús de que se los traigan, que está solo aquí. Continua la narración de Mateo, mucho más escueta, sobre todo en la invitación a reclinarse sobre la hierba, sin los detalles numéricos de los grupos en la versión de Marcos, prosiguiendo con la misma secuencia de bendición, partición y entrega de los panes a sus discípulos, y estos a su vez a la gente. Se habla de que se saciaron, también de las canastas con los pedazos que sobraron, que es la misma cantidad que la versión de Marcos: doce, clara alusión a Israel. Es muy probable que la prefiguración de este acontecimiento prodigioso esté en el maná del desierto que Dios concedió a su pueblo según cuenta el libro del Éxodo, pero se nota claramente aquí cómo se intenta comprometer a los discípulos en esta acción compasiva de Jesús.
Debemos creer que siempre es Dios quien toma la iniciativa, ni siquiera cuando el ser humano decide buscar el abrazo reconciliador con Dios, porque es la gracia del Espíritu la que motiva al creyente a buscar a Dios mismo. La oferta de salvación está puesta en la mesa. Hay que salir de la pasividad y del conformismo que no permite ver la acción salvadora de Dios que busca saciar de sed a los sedientos y colmar de pan a los que pasan hambre. Sería muy útil orar al Señor pidiendo que nos estimule a sentir la misma compasión que tuvo, para así actuar más prontamente ante las necesidades que contemplemos.


















