LLAMADO Y RESPUESTA

Un nuevo relato vocacional escucharemos en la primera lectura, esta vez tomado del escrito de Isaías. Al estilo de Jeremías en el domingo pasado, se sitúa en el contexto histórico, la irrupción del llamado de Dios al profeta Isaías que se manifiesta a modo de una teofanía. La corte celestial se describe como una corte real en la que se proclama la absoluta santidad de Dios, lo cual se resalta con la potencia de su voz y el humo que inunda el Templo, lugar del encuentro entre Dios y los hombres. Esto revela que, así como se puede ensalzar la santidad de Dios se puede confirmar la realidad de impureza de este mundo y de los seres humanos. El mismo profeta se siente abatido ante lo que está contemplando pues él pertenece al ámbito de lo profano. De pronto, uno de los seres alados toma unas brasas y toca los labios del profeta con lo cual queda purificado de su impureza. Esta es la elección prevista por Dios para la misión del profeta, pero es preciso apelar a la libertad de quien ha sido elegido. Ante la pregunta del Señor pidiendo algún voluntario para ser enviado; el profeta no duda en presentarse para ser la voz de Dios en medio del pueblo. Isaías se sabe unido a la suerte del pueblo, pero reconoce que el Señor lo ha elegido y debe cumplir la misión encomendada. Dios toma la iniciativa y prepara a su enviado, y este no duda en aceptar la tarea. El rey ha muerto y se pone la esperanza en el sucesor, con lo que la esperanza de Israel sigue viva, pero se necesita orientación y guía, y estas tareas las llevará adelante el profeta.

La primera carta a los corintios que estamos leyendo estos domingos, se destaca por la serie de situaciones y problemas que viven los corintios, necesitando la intervención de Pablo para intentar solucionarlos, sea con consejos u ordenanzas. Pero en el capítulo 15, Pablo desarrolla un argumento acerca de la resurrección de los muertos, quizá porque en el entorno de los corintios el dualismo empezaba a desorientar a los creyentes poniendo en entredicho esta resurrección, con lo cual, podrían haber pensado que era algo solo simbólico o bastaba preocuparse del alma en detrimento del cuerpo. Pablo ha recibido la “tradición” apostólica del evangelio que les había predicado a los corintios: Jesús ha resucitado de entre los muertos. Apelando al cumplimiento de la Escritura, proclama este acontecimiento de fe, sustentándose con el testimonio de los apóstoles, testigos oculares, y en el propio testimonio. Aunque Pablo no haya conocido a Jesús, él se considera un testigo de la resurrección desafiando la condición puesta por la tradición lucana sobre quién era llamado “apóstol” (Hch 1,21-22). Pablo, el “pequeño”, “el último”, “el nacido fuera de tiempo” (“como un aborto”), defenderá su apostolicidad en sus cartas, sabiéndose elegido por pura gracia. Su propia vida es un testimonio de la credibilidad de su elección.

El autor del evangelio de Lucas decidió colocar este episodio vocacional después de la iniciativa misionera de Jesús en su propio pueblo (Lc 4,14ss) y, aunque no lo relata, también de lo ya conocido que había hecho en Cafarnaúm (Lc 4,23), que es corroborado con la sanación de la suegra de Simón y otros enfermos (Lc 4,38ss). Estando a la orilla del lago de Genesaret (Mar de Galilea), decide enseñar sentándose en una de las barcas de los pescadores que estaban de seguro reparando las redes después de una fallida salida de pesca la noche anterior. La mirada ahora se pone en Simón, a quien le ordena sorprendentemente ir mar adentro. Generalmente, los pescadores suelen realizar sus faenas por las noches y descansar de día, y parece que Jesús no conoce de esta labor de pesca. Simón, quizá no del todo convencido, decide aventurarse a la mar para darle una lección al Maestro que enseña bien pero que supuestamente no sabe pescar. Y esto queda al descubierto, cuando al obedecer a Jesús, las redes reventaban de peces, lo que obliga a Simón a postrarse y presentarse ante Jesús como un “pecador”. Los otros compañeros estaban igualmente admirados por lo sucedido. La misión que les tiene preparado Jesús se les revela súbitamente. Jesús estaba bien enterado del asunto. Aquel lago, símbolo del poder del mal, se convertirá en el hábitat del seguidor de Jesús, tendrá que confiar que con Jesús podrá rescatar a muchos y muchos “hombres” con las redes de la evangelización. Aquellos pescadores ante lo experimentado, decidieron seguir a Jesús para esta tarea, ¿cuál es tu opción? Cada uno ha sido llamado por Dios a la fe y cada cual ha tenido su propia experiencia vocacional: algunos se presentan dispuestos, aunque temerosos como Isaías; otros no contaban con acoger este llamado porque pensaban que su vida ya estaba hecha y tuvieron que dar un cambio radical como Pablo y finalmente otros desconfiaban de la propuesta de seguimiento pretendiendo saber de que se trataba de algo que ya sabían cómo funcionaba como Simón. El Señor ya habló, toca responder.

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