LECTIO DIVINA –CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – “A”

ESTO ES MI CUERPO… ESTA ES MI SANGRE

LA PALABRA HOY: Deuteronomio 8,2-3.14-16; Salmo 147; 1 Corintios 10,16-17; Juan 6, 51-59
Ambientación: Un pan grande, adornado con algunas espigas y una jarra de vino; frase: para la vida del mundo.
Cantos sugeridos: En su mesa hay amor; Cantemos al amor de los amores

AMBIENTACIÓN:
El Señor alimenta a su pueblo y le da de beber para que viva y no muera. Jesús es el verdadero pan bajado del cielo. Su carne y su sangre son el auténtico alimento que procura la vida verdadera.

 Oración inicial
Señor Dios vivo y verdadero,
que te has quedado en el Pan y en el Vino,
donde nos has dejado tu Cuerpo y tu Sangre,
para alimentarnos y fortalecernos,
te pedimos, que nos ayudes a valorar
y ser conscientes de que eres Tú
el que está ahí, que eres Tú e Dios vivo,
que te has quedado para estar con nosotros,
para llenarnos de gracias y bendiciones,
para que nos podamos unir a ti,
y así en ti, tener vida y salvación.
Abre nuestro corazón, nuestro entendimiento
para ser sensibles a tu presencia
y así encontrar en ti, la vida que buscamos,
la fuerza y vitalidad que necesitamos,
la fortaleza que la vida nos exige
para vivir como Tú dando testimonio de ti.
Que así sea.

LECTIO ¿Qué dice el texto? Juan 6,51-59

Motivación: Jesús se identifica con el alimento que Dios ha dado a la humanidad y que es preciso asimilar mediante la fe para tener vida eterna. La eucaristía nos lleva a unirnos siempre más al Señor y encontrar en Él la fuente donde encontramos la fortaleza para seguirlo e imitarlo, haciendo vida sus enseñanzas.  Escuchemos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
– Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir entre sí:
– ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
– Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre: del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no es como el maná que comieron sus padres y murieron; el que come de este pan vivirá para siempre. 

Preguntas para la lectura:

  • ¿Con qué identifica Jesús el pan que Él da?
  • ¿Cómo reaccionan los judíos ante las palabras de Jesús?
  • ¿Qué dificultades tienen para entenderlas?
  • ¿Qué consecuencias tiene “comer el cuerpo”“beber la sangre” de Jesús?
  • ¿Qué promete Jesús a los que entren en esta comunión de vida con Él?

MEDITATIO ¿Qué ME dice el texto? 

Motivación: Si la celebración de la Eucaristía no es expresión auténtica de nuestra fe en Jesús y de nuestra profunda comunión de amor con él, se transforma en un simulacro. No podemos desentendernos de su entrega por nosotros ni permanecer indiferentes a su Persona.                             

  • ¿Qué aporta a mi fe este texto? ¿Creo de verdad en Jesús? ¿cómo lo manifiesto? ¿La celebración de la Eucaristía es expresión de tu fe en Jesús?
  • ¿La comunión eucarística alimenta tu relación con él? ¿en qué lo notas?
  • “…el que come mi carne y bebe mi sangre, VIVE EN MI Y YO EN ÉL…” (Jn 6,56). A partir de esto, ¿cómo debe ser nuestra actitud ante el Señor en la Eucaristía y principalmente al momento de la comunión?

ORATIO ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?

Motivación: La Eucaristía es fuente y culmen de toda oración, y nuestra plegaria al final de este encuentro no quiere desvincularse de ella, que es la celebración de la fe por excelencia. 

  • Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración. Se puede, también, recitar el salmo de este domingo (Salmo 147).

CONTEMPLATIO ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Motivación: Para San Vicente, la Eucaristía es el testamento del Señor a su Iglesia. Es el último signo de su amor, la fuente de donde brota la perenne vida de la Iglesia. A una Hija de la Caridad le dice:

“Cuando instituyó el santo Sacramento, dijo a sus apóstoles: he deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes. Pues bien, como el Hijo de Dios, que en la santa Eucaristía se da a sí mismo, lo deseó con un deseo tan ardiente, ¿no es justo que el alma que desee recibir este soberano bien, lo desee con todo corazón?

Lo que les dijo a sus apóstoles, estén seguras, hijas mías, que se lo dice también a cada una de ustedes. Por eso hay que procurar excitar su deseo con algún buen pensamiento. Deseas venir a mí, Señor mío; ¿y quién soy yo? Pero yo, Dios mío, deseo con todo mi corazón ir a ti, porque eres mi soberano bien y mi fin último. (IX,312)

A un hermano moribundo le dice: Además, como el amor es infinitamente inventivo, tras haber subido al patíbulo infame de la cruz para conquistar las almas y los corazones de aquellos de quienes desea ser amado…, previendo que su ausencia podía ocasionar algún olvido o enfriamiento en nuestros corazones, quiso salir al paso de este inconveniente instituyendo el augusto sacramento donde él se encuentra real y substancialmente como está en el cielo. (XI,65)

 Compromiso: Celebrar con gratitud y gozo la eucaristía dominical, prolongándola en la semana mediante gestos de solidaridad y de entrega a los demás.

Oración final

Buen Jesús, al escuchar y meditar tu Palabra queremos elevar nuestros ojos al cielo y agradecer tu presencia amorosa que ha dado vida a nuestra existencia cristiana. Tal vez no hemos sabido corresponder a ese magnífico amor con el que Tú entregaste tu vida por nuestra salvación; y que hoy en toda Eucaristía sigues entregando para redimirnos.

Jesús, pan vivo bajado del cielo ayúdanos a descubrir el valor que tiene el participar en tu banquete celestial, el hacernos uno contigo a través de la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre; no permitas que se corrompa nuestra alma y que este signo de comunión contigo lo hagamos una diaria rutina. Aumenta nuestra fe, y haz que viva en nosotros por siempre, la esperanza de vivir contigo en tu reino celestial. Así sea.

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En Power Point (Sor Pilar Caycho, HC)

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