Cada vez más cerca…

Este tercer domingo de Adviento, llamado tradicionalmente Domingo de Gaudete, que significa alégrense, regocíjense, y era la primera palabra que se pronunciaba en el Introito en la misa de Trento. Es llamado Gaudete por la cercanía con la llegada de Cristo, que provoca una pausa en este tiempo de preparación ante la próxima navidad que cada vez está más cerca, esto se lo coloca de relieve el profeta en el libro de Isaías, llamado proto Isaías, que nos remite a una visión idílica de la realidad, en donde la gloria y la belleza del creador son los ejes determinantes de este mundo nuevo, en donde la pena y la aflicción se alejarán, y es el paralelo que intenta hacer el autor del evangelio de Mateo, frente al mensaje de Cristo, y la presencia transformadora de su Reinado.

Ahora bien, estos pasajes pueden parecer irrisorios en estos tiempos ya que nos llevan a situaciones cotidianas de la vida, pero al mismo tiempo extraordinarias, situaciones sencillas y expresiones hermosas del día a día, que casi siempre pasan desapercibidas, ante ello, surge la pregunta, del cómo recuperar la belleza y la gloria de Dios, en un mundo que ha sido más bien “embellecido” por nuestra irreprensibilidad y soberbia, que nos hace mirar a las personas por debajo o dejar de lado lo simple y cotidiano. Un mundo que ha sido apabullado por las grandezas y las galas, y que ha perdido fuerza en la cotidianidad, un mundo que, con dolor de los más débiles, y sin Dios cree hacerse más bello. Ante ello, es bueno pensar que la belleza y la gloria solo podrán alcanzarse cuando la aflicción se aleje, pero muchas veces vivimos aflicción planteada por nosotros mismos, aflicción que, desde una humanidad poco tocada, no trabajada y mucho menos acompañada, no nos deja mirar el paso de Dios en nuestras vidas, que se da incluso en el error y ese pisar fondo se hace presente, y es en donde la voz de Dios se hace más fuerte, más dura y exigente.

Esta fue quizá también la experiencia de muchos que esperaban al Mesías, pero que no saben entender el mensaje real de Jesús. Todas esas voces se ponen de una manera concreta en boca de Juan el Bautista, el gran precursor de Cristo. Jesús es claro y directo con aquellos que dudan de su mesianismo, y responde de una manera muy gráfica, haciéndoles ver sus obras, en donde la Gloria y la Belleza de Dios se unen, cambiando y transformando la vida de las personas. El mensaje de Juan, cierra su círculo en Cristo, y abre desde él, un nuevo tiempo, que ninguna voz va a poder avasallar.

La cercanía del Señor nos tienen que poner en sintonía con este mensaje, si es que realmente estamos esperando al Señor, o es que buscamos nuestros propios complacer nuestros intereses o satisfacer aquello que nos aleja de Dios, aún cuando pensamos todo lo contrario, aún cuando nos sentimos irreprensibles, aún cuando nos sintamos triunfadores, si nuestro mensaje no está impregnado de ese Cristo que sana, que transforma, que da una nueva vida a los más pobres, seguiremos abatidos por la aflicción y el dolor, y no podremos disfrutar de la belleza y la gloria de Dios.

Finalmente, hermanos, la belleza de Dios, que se vuelve más fuerte en esta navidad, no solo se debe apreciarse en escaparates y grandes almacenes, no solo en las decoraciones de nuestros hogares, sino en lo sencillo y cotidiano de la vida. La belleza de lo creado nos hace más bien quitar todo adorno, como decía San Vicente De Paúl al referirse a la sencillez, cuando realmente queremos sentir la presencia de Dios, sin menospreciar lo bello de un compartir, lo bello de estar unidos como familia, lo bello de perdonar, curar y sanar. Lo bello de comprender y de afrontar los errores, lo bello de la esperanza, lo bello de ser hermanos, lo bello de ser una Iglesia, cuando realmente vivamos o sintamos esa belleza de Dios, es que podremos decir que el Señor está cerca.

¡Qué la Esperanza permanezca siempre en nuestras vidas!

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