El evangelio de este domingo nos presenta al Señor Jesús enseñando a sus discípulos sobre la GENEROSIDAD y la ENVIDIA.  

Lo hace por medio de una parábola que está tomada de la vida campesina, concretamente con el tiempo de cosecha, donde la mano de obra es necesaria para recoger los frutos del campo, en este caso un campo de viñas donde hay que vendimiar, recoger los racimos maduros que las vides han producido luego haber sido podadas cultivadas, abonadas y cuidadas. 

Esta misma figura de la cosecha el Señor Jesús utilizará para hacer saber a sus discípulos que debían pedir al dueño de la mies “Pidan al dueño de la mies que envíe obreros para la cosecha” donde notamos que es el dueño de la mies quien envía los trabajadores luego de contratarlos. 

Este relato que nos presenta el Señor Jesús por medio de la Parábola, al igual que a sus discípulos en aquel entonces, también nos hace notar que es el mismo dueño quien sale a contratar a los jornaleros, que es el propietario quien acuerda con los jornaleros el salario que les va a corresponder por la jornada de trabajo a realizar. Normalmente esta tarea la realiza el propietario muy temprano por la mañana para que la jornada empiece a la hora indicada, de allí que se hace notar que el propietario salió al amanecer a contratar a los jornaleros. 

Pero no solamente sale al amanecer, sino que sale en diferentes horas del día a seguir contratando jornaleros para enviarlos a hacer la cosecha. Como comprender este interés del propietario de contratar a todos los jornaleros sin importar la hora del día, ¿Cuál era la razón que movía al propietario para que todos sean contratados? 

Tal vez podamos vislumbrar en la respuesta que dan los últimos en ser contratados ya que a la pregunta del propietario de “¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?” Ellos responden “nadie nos ha contratado”. Los jornaleros reciben este nombre porque al final de la jornada reciben su paga con lo que cubren el sustento de la familia. Si hay jornada de trabajo hay para comer toda la familia, si no hay jornada de trabajo no hay jornal y por lo tanto no comerá la familia ni el jornalero el día siguiente. Es decir, el interés del dueño de contratar a todos los jornaleros sería para asegurar que nadie se quede sin comer, ni el jornalero ni su familia. Podríamos alargar la comprensión del comportamiento del propietario y entonces podemos reconocer que, al pagar a todos, el valor de un jornal es para que todos, junto con sus familias, puedan disfrutar de una alimentación necesaria. 

La GENEROSIDAD del propietario resalta frente a la conducta de ENVIDIA de los primeros jornaleros que no comprenden el proceder del propietario y se sienten con derecho a reclamar sintiendo que es injusto al tratar a todos por igual al momento de pagar el jornal, sin considerar el esfuerzo que cada uno ha realizado. Pero al hacer el reclamo estos jornaleros están olvidando algo que es importante recordar para hacer la valoración de la conducta del propietario, haber acordado el monto del jornal por el día trabajado.  Por eso el propietario tiene que llamar la atención sobre este punto a uno de los jornaleros cuando le dice “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿no nos ajustamos en un denario? Y además dejar muy claro que en sus cosas él tiene libertad de hacer como cree más conveniente en sus asuntos. 

Bueno, aunque centre la atención en el relato ahora debemos retomar la razón de la Parábola, y esta es poder enseñar a sus discípulos sobre el reino de los cielos. Donde el propietario es Dios y a los que contrata les avisa sobre la paga que son PERDÓN, SALVACIÓN Y VIDA ETERNA, los jornaleros somos todos, que vamos siendo contratados a diferentes horas del día, pero el jornal es el mismo y todos recibiremos lo mismo por trabajar en la viña, es decir haciendo lo que Dios quiere. 

DEJEMOS QUE EL DUEÑO DE LA VIÑA, QUE ES QUIEN NOS CONTRATA, NOS PAGUE SEGÚN LO CONVENIDO Y NOSOTROS REALICEMOS EL TRABAJO PARA EL QUE SOMOS CONTRATADOS.  

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