LA FE NO TIENE FRONTERAS

Queridos hermanos:

El evangelio de este domingo solo puede comprenderse teniendo en cuenta el contexto en que fue escrito. El evangelio de san Mateo fue dirigido a una comunidad formada principalmente por judíos convertidos al cristianismo. Como era de esperar, muchos de ellos conservaron algunas de sus antiguas convicciones, entre ellas la idea de que Israel era el único pueblo elegido por Dios y que la salvación estaba reservada exclusivamente para los judíos.

Sin embargo, esta manera de pensar chocaba con el mensaje de Jesús, quien había anunciado que la salvación era para todos los hombres. Este conflicto estuvo presente en las primeras comunidades cristianas y dio origen a numerosas discusiones. Probablemente, san Mateo conoció de cerca esta situación. Por eso incluyó en su evangelio el episodio de la mujer cananea, una extranjera que, gracias a su fe, obtiene de Jesús la curación de su hija. Con este relato, el evangelista recuerda a su comunidad que la salvación de Dios no conoce fronteras y que la fe vale más que cualquier privilegio de origen o pertenencia.

No es casualidad que Jesús elogie precisamente la fe de una mujer pagana. Con ello enseña que el acceso a Dios ya no depende de pertenecer al pueblo de Israel, sino de reconocer a Jesús como el Mesías y confiar en Él. Esa fue la convicción que san Mateo quiso transmitir a sus lectores y es también la enseñanza que hoy recibimos nosotros.

Queridos hermanos, por la fe en Jesucristo nace un nuevo pueblo de Dios, abierto a todos los hombres, sin distinción de raza, cultura o nación. La Iglesia es ese pueblo nuevo, formado por quienes creen en Cristo y procuran vivir según su Evangelio. El deseo de Dios es salvar a todos, y el camino privilegiado para participar de esa salvación es la fe en Jesús, que se hace plena con el bautismo y se alimenta en la vida de la Iglesia.

P. Tito Romero, CM.

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