LA HUMILDAD DEL MESÍAS REY
Dios se pronuncia desde su lógica que no es compatible muchas veces con la de los seres humanos. La restauración de Israel que habla el profeta Zacarías no se dará por la fuerza de las armas, sino por la presencia del rey elegido por Dios, que entra triunfante en Jerusalén (“la hija de Sión”), pero, humildemente, sentado, no sobre un caballo, sino sobre un joven borriquillo. La sencillez de un “mesías” es la impronta de la elección de Dios, pero se convierte en la mayor fuerza capaz de doblegar carros y caballos, destruir arcos y cualquier arma, para hacer imperar la paz, no solo sobre Israel sino para todas las naciones. Esta es la soberanía de Dios, la que no se logra con violencia, sino con la paz verdadera; la que solo pueden entender los sencillos y no los déspotas, la que realmente es capaz de restaurar la humanidad desorientada por el egoísmo y el abuso del poder.
El salmo 144 es un himno de alabanza y acción de gracias al único rey de Israel, el Señor, dispuesta su composición según el alfabeto hebreo. Evoca la memoria de la acción salvífica de Dios en el pasado confirmando la bondad y la compasión del Señor que gobierna eternamente.
Escucharemos en la segunda lectura, la sección parenética de la carta a los romanos en la que Pablo quiere explicar cómo el creyente en Cristo debe vivir según el Espíritu, porque ha sido liberado del pecado y de la muerte. Presenta, así, la antítesis del creyente en su renuncia a una vida sujeta a la carne y la aceptación de la fe en Cristo y su vida espiritual. Cuando se refiere Pablo a la carne, no tiene la connotación errónea que se suele aplicar, pecados relacionados con la lujuria. Pablo está refiriéndose al estilo de vida donde Dios no tiene cabida alguna. Si un creyente dejó su vida pasada de desorden y desidia y aceptó plenamente en su corazón a Jesús, no puede seguir aferrándose a las actitudes que abandonó. Puede que muchos de aquella comunidad de Roma, se hayan visto arrastrados a renunciar a las exigencias propias de su fe cristiana para volver a practicar las costumbres desordenadas de una vida sin control antes de haber conocido el evangelio. La fuerza del Espíritu recibida en el bautismo ha transformado al creyente y le ha ofrecido la vida plena y ya no deben continuar con prácticas que contradicen esta opción. Esto es lo que entendería Pablo por vivir según el Espíritu.
En el evangelio propuesto para esta liturgia, nos encontramos en una nueva sección del ministerio público de Jesús, donde luego de hablar sobre la importante misión de Juan el Bautista, denuncia el rechazo de aquella generación al mensaje del evangelio y continuará con la llamada de atención a las aldeas que fueron testigos de la acción salvadora de Dios en Jesús, pero no se convirtieron. Frente a esa postura de rechazo, aparece esta oración de Jesús donde alaba a Dios porque las cosas de Dios han sido reveladas a los sencillos y no a los sabios y entendidos de este mundo. Esta sabiduría ha sido rechazada por estos últimos, representados en esas ciudades galileas, las cuales, recibieron la oportunidad de contemplar al Mesías y se quedaron ante el asombro de sus palabras y sus obras, pero no llegaron a la conversión. La sentencia es sorprendente: habrá más tolerancia el día del juicio para ciudades paganas como Tiro y Sidón, o más conmiseración con Sodoma que a estas ciudades por donde pasó el mismo Jesús. ¿Por qué no se comprometieron con Jesús? Porque les faltó algo importante: ser sencillos. El misterio del amor de Dios no lo va poder asumir quien vive en el egoísmo y la soberbia. Éste, puede admirar a la persona de Jesús, pero si continúa aferrándose a su propio parecer, no conocerá ni al Hijo ni al Padre. Por tanto, el camino de la fe no es el logro del esfuerzo humano sino la aceptación de un don preciado que ha venido a uno mismo. La pesada carga de la vida aumenta en la medida que te llenas de abusos, intolerancia y opresión. Déjate ayudar por quien puede aliviar tu carga, porque no se renuncia a que debas cargarla, sino se te invita a sobrellevarla con un apoyo extraordinario, porque él mismo se presenta como modelo de sencillez y humildad.
No es fácil vivir estas virtudes, aunque todos las apreciamos, e incluso consideramos que nuestra humanidad necesita más testimonios de gente sencilla y humilde, pero contribuimos a la publicidad de personas “famosas”, “ricas”, “poderosas”; a quienes supuestamente han alcanzado el “éxito” y la “felicidad” sustentados en el dinero y el poder. ¡Qué tamaña falsedad! Dejemos de lado todo aquello que nos aleja de la virtud de la sencillez y la humildad. No escondas quién eres realmente, así te tienen que amar y apreciar; y que tu humildad te abra las puertas de verdaderas amistades. Sigue el ejemplo del Maestro, del Hijo de Dios, que se dio a conocer desde la sencillez y la humildad de su vida y su misión. Ya viene nuestro Rey Jesús sentado sobre un pollino; requiere de corazones sencillos que se dejen guiar por el Espíritu y será él quien presente su oración de alabanza ante el Padre, porque solo aquellos pueden recibir el Misterio del amor de Dios y exclamar a viva voz: “Te bendeciré por siempre tu nombre, Dios mío, mi rey”.



















