El evangelio de este domingo IV de cuaresma nos presenta al Señor Jesús en diálogo con Nicodemo, quien se ha acercado al Señor Jesús reconociéndolo como MAESTRO y que las señales que realiza lo hace porque Dios está con Él.

Es Nicodemo, el que no comprende cómo se puede nacer de nuevo, pues hasta donde él sabe solo se nace una vez del vientre materno y lo único que se le ocurre pensar ante la posibilidad de un nuevo nacimiento es volver a meterse dentro del vientre materno.

Es a este Nicodemo a quien el Señor Jesús le empieza a explicar la misión del enviado de Dios en favor de los hombres y lo hace recordando un pasaje del libro de los Números donde el pueblo para salvarse de morir por la mordedura de las serpientes venenosas tiene que levantar la vista y mirar la serpiente de bronce que Dios mando hacer a Moisés y que puesta en lo alto de un estandarte en medio del campamento todo mordido por las serpientes venenosas deben mirar para sanarse y salvarse de una muerte segura.

El pueblo nuevamente está aprendiendo a obedecer a Dios después de haber murmurado, después de haberse revelado contra Dios y su enviado Moisés.

El Hijo del Hombre debe ser levantado al igual que la serpiente para que todo el que crea tenga por Él la vida eterna.

Por voluntad de Dios, fue levantada la serpiente en el desierto y el Hijo del hombre también y la razón es el AMOR que Dios tiene al mundo, su creación, además para dejar en claro que al enviarnos a su Hijo al mundo lo hizo para salvar de la muerte a los que obedecen y hacen su voluntad, para que el mundo se salve por Él.

Al igual que la condición para no morir envenenado por la mordedura de las serpientes venenosas era mirar la serpiente de bronce, la condición para no ser juzgados es creer en el nombre del Hijo único de Dios y creer en el nombre del Hijo único de Dios se manifiesta en la realización de las obras de bien en favor de todos. Las obras malas las realiza el que no ha creído en el nombre del Hijo único porque prefiere las tinieblas a la luz.

Que todos a la luz de la palabra de Dios nos animemos a renovar nuestro compromiso con el Señor y empezar nuevamente a tener presente su voluntad para cumplirla y creamos en su enviado para no ser juzgados sino que nos esforcemos en hacer las obras de bien y evitemos hacer las obras del mal.

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