TIEMPO DE SALVACIÓN

La reflexión sapiencial del libro de la Sabiduría nos presenta una tardía interpretación teológica acerca de la existencia del mal. Esta gran interrogante entre los hombres forma parte de la tradición bíblica y aquí tenemos una visión muy importante pero novedosa: se da el salto de la concepción antigua de que todo lo que sucede, bueno o malo, proviene de Dios a afirmar categóricamente que Dios no tienen ninguna vinculación con la muerte y la maldad. Por tanto, se confirma la bondad de la creación en su origen, así como también el destino salvífico del hombre a quien le concede el don de la inmortalidad y la condición de ser imagen de su propio ser. Pero, ante la pregunta por el mal, apela a la idea de que por la “envidia del diablo” entró no solo el pecado sino la muerte en la historia de la humanidad. De esta forma, por el misterio de la voluntad de Dios, conviven el bien y el mal, pero no en igualdad de condiciones. Se entiende esto como una constatación de la realidad en la que el hombre está inmerso. Pero Dios, que conoce a su creatura espera una respuesta positiva y valiente de fe y confianza en su salvación.

En la segunda lectura, Pablo había prometido al salir hacia sus misiones itinerantes que no descuidaría el apoyo económico a las comunidades de Judea. Así, tenemos el testimonio de esta carta donde Pablo exhorta a la comunidad de Corinto a que sea generosa apelando a la fraternidad. Cristo es el modelo de generosidad, pues siendo rico se hizo pobre para hacernos ricos con su salvación, pero Pablo entiende que, como hermanos creyentes en Cristo, se debe buscar la solidaridad sabiendo que hoy los lejanos los necesitan y deben apoyarles como mañana les tocará a ellos requerir el apoyo de aquellos y podrán superar la adversidad.

El fragmento del evangelio de Marcos que escucharemos es una composición muy bien concatenada. Los personajes son dos mujeres (muy emblemático sabiendo que se hallaban postergadas en aquella sociedad) imposibilitadas de desenvolverse convenientemente en sus días: una mujer con hemorragias y una niña moribunda. El contexto es el mar de Galilea, personificación del poder del mal que arrecia fuerte pero que se ve confrontado con el poder de Dios que representa el ministerio de Jesús. La fe de la mujer enferma se convierte en el soporte de las dos historias pues contrasta con la angustia y pesar de Jairo, el jefe de la sinagoga. Jesús sabe que alguien se atrevió a confiar en él mejor que sus discípulos por medio de su manto y decide revelar su identidad ante los presentes convirtiéndola así en modelo de fe. La sanación viene por la respuesta de fe. Por eso, también Jesús le pide a Jairo que confíe a pesar de las malas noticias de la muerte de la niña. En el recinto cerrado de la habitación unido a los padres de la niña y tres de sus discípulos, se hace realidad el poder de Dios que devuelve la vida a la niña, apelando a la simbología de la resurrección (“levántate”). Ha llegado el tiempo de la salvación, el tiempo de los elegidos; ha pasado 12 años de dolor y sufrimiento y se ha truncado una vida gozosa a los 12 años; y Dios decide revertir esa situación por la fe de sus creyentes. A veces sentimos que la cadena de maldad es interminable, se suman no solo 12 años, sino muchos más, donde sentimos que el mal “gana terreno”, pero no es así, ni lo será jamás. Pero el ser humano debe aprender a creer en quien confía mejor que nadie en la bondad del ser humano, Dios mismo, y que sabe que por su generosidad puede erradicar el egoísmo, pues el poder de Dios es más grande que el asedio del mal. Ante la salvación de Dios, ante su mano poderosa y providente solo nos queda responder: “Te ensalzaré Señor porque me has librado”.

P. Mario

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