El evangelio de este domingo de Cuaresma nos presenta al señor Jesús subiendo a Jerusalén porque se acercaba la Pascua de los judíos, aquella fiesta grande con la que conmemoraban como Dios los había liberado de la esclavitud de Egipto y los había hecho cruzar el Mar Rojo a pie enjuto y donde había ahogado a los mejores capitanes del Faraón, recordaban como Dios los había rescatado con mano fuerte y brazo extendido y guiándolos por el desierto les había entregado la tierra prometida. La celebración de la fiesta ayudaba a mantener viva la memoria que Dios los había hecho pasar de la esclavitud a la libertad. Y en tiempos del Señor Jesús la celebración de esta fiesta-memoria se realizaba en torno al Templo de Jerusalén. 

Lo siguiente que nos hace saber el relato evangélico es que “encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas” y es que estas personas cumplían un rol importante en la celebración de la Pascua judía donde los peregrinos hacían sus ofrendas en el Templo a Dios y estas ofrendas tenían un cierto rango, las familias pudientes o adineradas ofrecían para el sacrificio bueyes, las familias que no eran pobres pero tampoco adineradas ofrecían para el sacrificio ovejas y los pobres ofrecías palomas, eran peregrinos que llegaban de lejos para celebrar siquiera una vez en la vida la fiesta de la Pascua en el Templo de Jerusalén, donde dicho sea de paso para hacer la limosna debían cambiar el dinero que traían de lejos con el dinero del templo, pues de otra manera su limosna no era aceptada. 

Entonces si estos personajes, los vendedores y los cambistas cumplían un rol importante en el realce de la fiesta por las ofrendas que se hacían y cuyos animales ellos facilitaban o las limosnas que se hacían y ellos también facilitaban.  

Como comprender la reacción que tiene el Señor Jesús que lo lleva a hacer “un látigo con cuerdas” y con el “echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y bueyes” y a los vendedores de palomas les habla para decirles “quiten esto de aquí.” Para comprender esta acción del Señor Jesús debemos enfocarnos en la frase “no hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado”. Lo que había empezado como un servicio para favorecer a los peregrinos y darle realce a la fiesta se había convertido en un mero negocio donde lo que importaba era aprovecharse de la necesidad del peregrino de contar con un animal para ofrecer en sacrificio en el templo y por el cual cobraban sumas exorbitantes, como quien dice era un asalto legalizado al igual que el valor que le daban al dinero extranjero al momento de cambiar siempre se pagaba menos de lo que valía y los peregrinos aceptaban con tal de poder hacer la limosna al Templo ya que para cumplir con estas costumbres venían desde tan lejos movidos por su fe en Dios, aquel que sacó de Egipto a sus mayores y los libero de la esclavitud. 

Esta acción del señor Jesús desconcierta a los judíos que le piden explicación de su actuar de la manera como acaba de actuar y por eso le dicen “Qué señal nos muestras para obrar así” y es que los judíos ya se habían acostumbrado al statu quo de las cosas en el Templo. 

Los discípulos al ver actuar de esa manera al Señor Jesús recuerdan la escritura donde se podía leer “el celo por tu Casa me devorará”. 

Aquí la interrogante de los judíos desencadena una discusión en torno al Templo pues se habla de destruir y de tiempo que se demora para construir, aunque se habla del Templo se nota que son diferentes las ideas que están queriendo expresar pues uno está pensando en su cuerpo los otros están pensando en el edificio que demoro cuarenta y seis años en ser construido, por lo que no llegan a un consenso. 

Esta discusión quedará marcada en la memoria de los discípulos pues cuando la Resurrección de entre los muertos ellos recordaron lo dicho por el señor y fue la raíz para creer en las escrituras y en las palabras del señor Jesús. 

Mientras que muchos otros creyeron al ver las señales que realizaba pero que no son de confianza pues su fe no se fundamenta en la escritura y en las palabras del Señor Jesús.     

EN ESTE TERCER DOMINGO DE CUARESMA PIDAMOS AL SEÑOR JESÚS, QUE NOS INVITA A LA CONVERSIÓN PARA LUEGO CELEBRAR LA ULTIMA CENA CON ÉL Y SUS DISCÍPULOS Y SER ALIMENTADOS CON SU CUERPO Y CON SU SANGRE, PODER ACOMPAÑARLO SIEMPRE SIGUIENDO SUS PASOS Y QUE NUESTRA FE EN ÉL SE FUNDAMENTE EN LA ESCRITURA Y EN SUS PALABRAS. QUE NUESTRO TRATO CON LOS DEMÁS ESTE GUIADO SIEMPRE POR EL RESPETO AL OTRO PARA NO TRATAR DE APROVECHARNOS DE ELLOS.

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