HNO. VERO URBINA, CM

Un reino para todos!Un reino para todos! Hoy en día se habla de mi generación, la generación millenians, como aquellas personas que les son difícil asumir cualquier tipo de compromiso, y si lo asumen, romperlo sin el mayor reparo o remordimiento. No hay dolor ni penas y muchas veces todo se soluciona con un “fresh” o un  “sorry” e incluso el típico “ya fue” y listo. Otros dicen que si bien somos una generación bastante creativo y muy avanzada de pensamiento, somos bastantes laxos con los compromisos.  En contraste con el evangelio, que si bien parece que los invitados a la boda son millenians, el evangelista hace eco en un tiempo donde romper un compromiso de este tipo era todo un deshonor y un desaire tremendo para la familia. Rechazar la invitación a una boda, en tiempos de Jesús era una falta muy fuerte ya que una boda era una fiesta, un tiempo de gracia, un tiempo de Dios. Un momento donde dos familias, más allá de los arreglos familiares, se unían con el fin de formar una nueva familia. Era un tiempo donde la promesa de Dios, de multiplicar la descendencia (Gn 15) se hacía patente y donde toda la comunidad formaba parte. Teniendo todos estos datos, ¿Por qué plantear una boda como comparación con el Reino y más aún acabar con una frase tan dura y contundente? Pensemos un rato en el significado del Reino de Dios para Jesús. Más allá de los tantos significados que le podamos estar, estamos ante aquello que le apasionó a Jesús, aquello por lo cual movilizo todas sus fuerzas y encamino su misión de dar vida que acabó en la Cruz. El Reino de Dios es la invitación total y plena de Dios que se revela al hombre y que sale a su encuentro, es el la expresión más viva del amor de Dios para todos los hombres, es ese espacio de encuentro y comunión, es el momento de alegría en donde los hombres son llamados y su vida se renueva, es donde se manifiestan los signos de amor del hijo de Dios. Pues bien, ese Reino es el que se va a vivir en esa boda, donde Jesús es el novio que nos invita a todos los hombres. Ese Reino es el que rechazó o postergaron algunos, entre ellos, los primeros invitados, los que para el tiempo del evangelista, son algunos del pueblo judío que no acaban de entender el mensaje de Jesús y otros que son echados del mismo, lo que nos recuerda que el Reino tiene sus exigencias, para todos los hombres.  ¿Qué nos puede decir esto para nuestros tiempos? Pienso que es válido recordar que Jesús nos sigue invitando a esta boda, a vivir este Reino de Dios, y hacerlo vivo en cada uno de nosotros. Pensemos en cuanto nos cuesta, no solo asumir un compromiso sino en que poco valor le damos, muchas veces, a la invitación que nos hace el Señor. Cuántas veces somos aquellos que nos vamos a otras tierras y rechazamos a Jesús, o más somos los que quizá cerremos la puerta de la boda con nuestra indiferencia e indolencia.  El Evangelio puede sonar a una llamada de atención pero creo que también podemos verlo con esperanza. Dios no se ha cansado de invitarnos a su Reino, es la mayor esperanza que podemos tener hoy en día. Que él Reino de Dios no sea motivo de excusas sino más bien de aceptación total al plan de Dios. El Reino de Dios siempre será signo de amor y alegría, que el Señor nos haga testigos de esta noticia. Qué la gente note, en todo momento, que llevamos el traje de fiesta del amor, de la vida, de la misericordia, de haber sido testigos de la gracia del Señor y que contagie a muchas más personas para que vengan a la boda, que la fiesta aún no ha terminado y aún quedan espacios para todos en el corazón del Señor. Dios nos siga bendiciendo.
Vero CM

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