NO DESAPROVECHES LAS OPORTUNIDADES QUE TE DA DIOS

 

El libro de la Sabiduría es considerado el último escrito del AT en ser redactado (en griego) y cuenta ya con una influencia helénica en el pensamiento y la religión judía. El fragmento que se ha recogido en la primera lectura, está tomado de la larga sección acerca de cómo se ha manifestado la sabiduría de Dios en la historia de Israel. Es justamente en la justificación de la posesión de la tierra de los cananeos, como el “sabio” sostiene que estos pueblos no supieron comprender el proyecto de Dios que había elegido a Israel como heredero de aquellas tierras. Para esto se vale de la afirmación de que existe un solo Dios que los ha ayudado en su historia y que no tiene otro contendiente (porque no lo hay). De allí que ni sus reyes ni los poderosos podrán desafiar el poder de Dios que ha llevado de la mano a un pueblo insignificante a convertirse en una nación privilegiada. Pero esto, no debe desorientar la misión de Israel, pues su elección no les debe llevar a demostrar soberbia, sino a considerarse un aprendiz de lo que significa ser justo y a la vez compasivo, y para eso debe confesar la fe en un Dios que es misericordioso y que perdona a quien se arrepiente de sus pecados.

El salmo 85 parece ser una súplica individual de quien se presenta como un fiel justo y confía en que Dios le hará justicia. El creyente se compromete a darle gracias, sabiendo que sus acusadores no podrán desmoralizarlo, pues Dios lo ha sacado del fondo del abismo.

Pablo continúa con su exhortación acerca de la vida en el Espíritu y no solamente quiere recalcar el auxilio del Espíritu para la acción, sino también para la oración. Es este Espíritu el que nos impulsa a elevar nuestras súplicas al Padre en lo que realmente necesitamos. Cuanto más cerca estemos de Dios y de sus auxilios más nos alejaremos de las malas acciones y de todo aquello que puede entristecer al Espíritu. En la escuela de la oración requerimos dar este gran salto: invocar al Espíritu antes de querer forzarnos a “concentrarnos” o “pensar” lo que queremos orar.

Finalmente, el evangelio nos presenta la parábola del trigo y la cizaña, que es del material propio de Mateo (no se encuentra otro paralelo en los evangelios sinópticos), y que se encuentra en el llamado “discurso de las parábolas”. Mateo ha agrupado algunas parábolas de la naturaleza agrícola (Mt 13,1-33), y ha querido concluir con una parábola que se asemeja mucho a esta de la cizaña y del trigo, pero se encuentra en otro orden, que es la parábola de la red (Mt 13,47-50). También, esta parábola tiene una explicación que probablemente haya sido de la mano del redactor final del evangelio, para que no se pierda el mensaje que se quiere transmitir (Mt 13,36-43). Llama la atención algunas cosas de esta parábola que pasamos a referir. La semilla que sembró un hombre es buena (v. 24). Aquí el problema ya no es el campo sino un enemigo que, de noche, ha sembrado cizaña, lo que, pasado el tiempo, devino en el crecimiento de ambas semillas juntas. Puede resultar poco eficaz dedicarse a arrancar la cizaña muy pronto, sabiendo que se corre el peligro de perder muchas espigas debido a que ambas en crecimiento se asemejan mucho. El hombre aquel recomienda a sus siervos esperar el tiempo de la cosecha y es que, al dar fruto, se logra diferenciar notoriamente la cizaña del trigo. No podemos apurar los procesos, porque somos diferentes y reaccionamos de modo distinto dependiendo de los acontecimientos que experimentemos. Al final, la última palabra la tendrá Dios, pero él sabe esperar y confiar en aquellos procesos que nosotros apuramos muchas veces con la vana pretensión de configurar una comunidad de perfectos. La sombra del Maligno puede hacer que lo malo parezca bueno, pero el Señor nos ha dado la capacidad de discernir convenientemente lo que realmente procede de su infinita bondad, porque Dios siembra siempre buena semilla. Pero a veces es tan confusa nuestra situación de pecado que requerimos mucha paciencia para aprender a distinguir cómo encaminamos nuestra vida. Dios siempre esperará, su justicia es eterna y cierta. Aunque haya mucha cizaña, habrá espigas a punto y esas serán las que deban ser cosechadas y separadas, mientras que las cizañas tendrán que arder en la hoguera de lo que no sirve. A continuación, se escucha también la parábola del grano de mostaza. En sintonía con lo anterior, se percibe el contraste de la paciencia, y en relación con la siguiente parábola se busca llamar la atención de cómo algo tan pequeño e insignificante puede llegar a producir algo tan grande y espléndido. Así, el escondido poder de Dios sostiene la fe pequeña del creyente. Seguidamente, se cuenta la parábola de la levadura, introducida en la masa. A pesar que en la tradición bíblica la levadura es una metáfora que se usa de forma negativa (Mc 8,15; Mt 16,6.11.12; Lc 12,1; 1Cor 5,6.7.8; Gal 5,9), ya que simboliza corrupción, aquí es tomada en un sentido positivo. De este modo, aquello que no se logra percibir, el poder de Dios inserto ya en el interior del creyente, actúa decididamente haciendo crecer luego la masa, con su influencia netamente positiva. Por último, se vuelve a repetir la idea de por qué Jesús les hablaba en parábolas a las multitudes, que fue un pedido de los discípulos (Mt 13,11ss). Aquí, más bien, es un dato del autor incidiendo que este era el tipo de enseñanza de Jesús, confirmando así lo anunciado en la Escritura, que, a pesar de que menciona que es una profecía, se encuentra más bien en el libro de los Salmos en una versión libre (Sal 78,2), pero el autor ha utilizado otros términos (cf. 1Cor 2,7).

No perdamos la oportunidad o las oportunidades que Dios nos ofrece para seguir aferrándose a su semilla buena. Hay que ser perseverantes para con nosotros mismos y pacientes para con los demás. Habrá que rogar al Señor para que su Espíritu venga a nosotros y nos conceda el don del discernimiento tan necesario en esta vida de decisiones constantes que debemos tomar. Unámonos así al salmista que proclama al mundo que solo existe y cree en un “Dios clemente y compasivo, lento a la cólera y rico en piedad”.

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