Queridos amigos

La curación de un leproso es el título del evangelio de hoy (Mc 1, 40-45), en el que Jesús se muestra acogedor, compasivo, audaz y todopoderoso, al curarlo. Y cumplidor de la ley, cauto, comprensivo y humilde, al enviarlo a los suyos, una vez sanado, en lo que se ha dado en llamar el secreto mesiánico: no le digas a nadie que te he curado. Todos esos calificativos referidos a Jesús le caen de maravilla, pero si le hubiésemos preguntado con cuál de ellos se quedaba, la respuesta no se hubiera hecho esperar: compasivo, habría dicho. ¡Compasivo y misericordioso! Es lo que Él fue y como quiso ser visto siempre. Me pregunto si pasa igual con nosotros.

Decir que Jesús fue un hombre todocompasivo no es poco, pero tampoco es sufuciente. Habría que añadir que para Él la compasión es, debe ser, el alma de todo. Hoy diríamos que vino a traernos la cultura de la compasión, empezando por revisar nuestra idea de Dios y del prójimo. Dios ciertamente es infinito en todo y posee en plenitud todos los atributos, pero, cara a nosotros, quiere ser reconocido como amor. No sólo que Dios es amor (1 Jn, 4,16) y que tiene entrañas de misericordia y compasión (Col 3,12), sino que siendo tan justo como misericordioso, optó por tratarnos en esta vida sólo con misericordia y compasión, y dejar la justicia para la otra (y/o para su Hijo en ésta) (Lc 15, 11-32). Por otra parte, lo que Dios espera de nosotros es compasión más que ofrendas y sacrificios (Mt 9,13; 12,7).

La cultura de la compasión nos pide revisar también nuestra visión y trato con el prójimo, con el que hay que ser siempre compasivo, como nos lo pide en la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25, 37). Como dice el Señor, prójimo de quien está en necesidad es el que es compasivo con él. Vete y haz tú lo mismo, añade Jesús. Es sintomático que el único mandamiento que dio el Señor a sus seguidores es que nos amemos unos a otros como Él nos amó. Y que, sin pedírselo, nos recuerde que el amor al prójimo es un mandamiento semejante al primero (amar a Dios) y medida del mismo. Como si fuera poco, nos dijo que la Ley de Oro de la vida espiritual y la moral es hacer al otro lo que tú quieres que te hagan a ti (Lc 6, 31).

Decididamente, compasión y compasivo, son  palabras claves para entender la vida de Jesús y su mensaje. Lo son también para comprender y vivir la Biblia, la Religión y la Sociedad, pues sin compasión no tienen sentido. Para Jesús no hay otra manera de ser hombre, de ser cristiano y de acercarse a Dios, que siendo compasivo y misericordioso. Es lo que Él fue por encima de todo. Y es lo que quiere que seamos nosotros.

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