¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE SER SABIO?

 

Hermanos:

Normalmente, llamamos “sabias” a las personas que poseen muchos conocimientos. En nuestra cultura, la sabiduría suele identificarse con la inteligencia y la capacidad de aprender cada vez más. Sin embargo, la Biblia entiende la sabiduría de una manera muy distinta. Para el pueblo de Israel, sabio no era quien sabía más, sino quien sabía vivir según la voluntad de Dios. La verdadera sabiduría no consistía tanto en conocer, cuanto en vivir de acuerdo con el querer de Dios. El mejor ejemplo es el rey Salomón, quien, pudiendo pedir riquezas o poder, pidió un corazón capaz de discernir el bien y el mal para gobernar a su pueblo (cf. 1 Re 3,5-12).

Desde esta perspectiva debemos entender las parábolas del evangelio de hoy. El hombre que encuentra un tesoro escondido y el comerciante que descubre una perla de gran valor venden todo para quedarse con aquello que consideran lo más importante. Ese tesoro y esa perla representan el Reino de Dios. Ambos son verdaderamente sabios porque supieron reconocer lo esencial y relativizar todo lo demás. Esa es la invitación que Jesús nos hace: buscar antes que nada el Reino de Dios y orientar nuestra vida según su voluntad (cf. Mt 6,33), aunque el mundo siga pensando que la felicidad está en el poder, el prestigio o la riqueza.

Las otras parábolas nos recuerdan que no todos hacen esta elección. En el mundo, en la Iglesia y en nuestras familias conviven quienes buscan sinceramente la voluntad de Dios y quienes prefieren vivir según sus propios intereses. Jesús advierte que estas opciones tienen consecuencias y que, al final, Dios hará justicia. Por eso, la decisión más inteligente será siempre la que nos acerque a Él.

Queridos hermanos, hoy disponemos de enormes avances científicos y de un conocimiento nunca antes alcanzado. Sin embargo, eso no ha hecho al ser humano necesariamente más feliz, más fraterno ni más humano. El conocimiento es un gran bien, pero solo encuentra su verdadero sentido cuando está al servicio del bien y de la voluntad de Dios. Pidámosle al Señor la sabiduría de Salomón: un corazón capaz de discernir lo que realmente vale la pena y de vivir según su voluntad. Solo así encontraremos la verdadera felicidad.

P. Tito Romero, CM.

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