UN JALÓN DE OREJAS

Queridos hermanos:

Muchas personas reaccionan mal cuando alguien las corrige. Es verdad que una corrección puede hacerse de mala manera, pero la verdadera corrección fraterna busca ayudar al otro a mejorar. Por eso, cuando recibimos una llamada de atención, en vez de rechazarla inmediatamente, podríamos tomarla como una oportunidad para mirarnos por dentro y preguntarnos qué necesitamos cambiar.

Algo parecido sucede en el evangelio de este domingo. La parábola de los viñadores asesinos es una fuerte llamada de atención de Jesús al pueblo de Israel y, especialmente, a sus dirigentes. Para comprenderla debemos mirar la primera lectura. En la Biblia, la viña representa frecuentemente al pueblo de Israel: “El viñedo del Señor todopoderoso (…) es el país de Israel” (Is 5,7). Dios había cuidado aquella viña con especial cariño: liberó a su pueblo, le dio una tierra y lo acompañó a lo largo de su historia. Esperaba, por tanto, frutos de fidelidad y justicia; sin embargo, encontró “uvas agrias” (cf. Is 5,1-7).

Jesús retoma esta imagen en el evangelio. El dueño de la viña envía a sus servidores para recoger los frutos, pero los viñadores los maltratan y asesinan. Finalmente envía a su propio hijo y también a él lo matan (cf. Mt 21,33-39). La alusión es clara: Dios había enviado a los profetas y, finalmente, envió a su propio Hijo. Jesús quería que los dirigentes reconocieran su error y cambiaran, pero ellos no aceptaron la corrección. Al final, sabemos cómo terminó la historia.

Sin embargo, sería un error pensar que esta parábola habla solamente de ellos. Hoy la viña somos nosotros: nuestra vida, nuestra familia, nuestra comunidad, la Iglesia. También Dios ha cuidado nuestra tierra y la ha enriquecido con muchos dones. La pregunta, entonces, es inevitable: ¿estamos dando los frutos que Dios espera? Tal vez hemos recibido mucho y no siempre hemos sabido corresponder. Quizá hemos desperdiciado algunas de las gracias con las que Dios ha enriquecido su viña.

Por eso, recibamos esta parábola como “un jalón de orejas” firme pero cariñoso que el mismo Jesús nos hace, no para condenarnos, sino para ayudarnos a ser mejores. Miremos un poco hacia dentro y preguntémonos qué necesita cambiar en nosotros. A veces, una buena mirada hacia dentro es necesaria para ser mejores hacia afuera.

 

P. Tito Romero, CM.

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