LA FUERZA DE LO PEQUEÑO

 

Queridos hermanos:

El evangelio de este domingo nos presenta tres parábolas con las que Jesús nos revela distintas características del Reino de Dios.

La primera es la del trigo y la cizaña. Jesús mismo explica su significado: el campo es el mundo; el trigo representa a los ciudadanos del Reino; la cizaña, a quienes siguen el mal; y la cosecha, el fin de los tiempos. La enseñanza es clara: haber optado por Dios no significa que el mal desaparezca. Seguiremos conviviendo con él y experimentando tentaciones, dudas y dificultades. El diablo buscará apartarnos del camino de Dios, pero el cristiano está llamado a permanecer firme, confiando en Cristo, que ya ha vencido al mal. La parábola nos asegura que, al final, el bien triunfará y quienes hayan perseverado participarán de esa victoria.

La segunda parábola, la del grano de mostaza, nos muestra que el Reino comienza de manera humilde y casi imperceptible. Dios actúa sin ostentación, con la sencillez que caracterizó la vida de Jesús. Por eso, el Reino no suele imponerse mediante hechos espectaculares, sino que va transformando silenciosamente a las personas, las familias y las comunidades. Aunque todavía exista el mal, el Reino ya está presente allí donde se vive según la voluntad de Dios. Y, como el pequeño grano que llega a convertirse en un gran árbol, un día su presencia será evidente para todos.

Finalmente, la parábola de la levadura nos recuerda que esa transformación requiere dos fuerzas que actúan juntas: la gracia de Dios y la colaboración del ser humano. El Reino es, ante todo, obra de Dios, pero él cuenta con nuestro compromiso. Si cambiamos nuestra vida, podremos transformar también nuestra familia, nuestro ambiente y la sociedad. Nosotros estamos llamados a ser esa levadura que hace fermentar toda la masa.

Estas tres parábolas nos recuerdan que el Reino de Dios ya ha comenzado, aunque todavía no ha alcanzado su plenitud. El mal sigue presente en el mundo, pero no tiene la última palabra. No olvidemos que, en la lógica de Dios, el humilde es el mayor de todos y lo pequeño posee una fuerza transformadora que supera a la de lo aparentemente grande. Por eso, nosotros estamos llamados a ser trigo en medio de la cizaña y levadura en la masa: pequeños y humildes, sí, pero colaboradores de Dios en la transformación del mundo y en la construcción de su Reino.

 

P. Tito Romero, CM.

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