CON LOS OJOS EN EL CIELO Y LOS PIES EN LA TIERRA

 

Después de la resurrección, Jesús se apareció muchas veces a sus discípulos para fortalecer su fe y prepararlos para continuar su misión. Durante estos domingos de Pascua hemos escuchado sus enseñanzas y sus últimas recomendaciones. Hoy celebramos la Ascensión del Señor: Jesús vuelve junto al Padre, a la gloria que dejó al hacerse hombre, pero sin abandonar a los suyos, pues Él mismo prometió: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de la historia” (Cf. Mt 28,20).

La Ascensión no debe entenderse simplemente como Jesús “subiendo” físicamente al cielo. Los autores bíblicos usaban esas imágenes porque pensaban el cielo como la morada de Dios situada “arriba”. En realidad, la Ascensión significa que Jesús entra plenamente en la comunión eterna con el Padre. Él no se aleja de nosotros, sino que permanece presente de un modo nuevo en medio de su Iglesia.

Sin embargo, el centro de esta fiesta no está en contemplar a Jesús alejándose entre nubes, sino en escuchar el encargo que deja a sus discípulos: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Cf. Mt 28,19). Por eso, en el libro de los Hechos, los hombres vestidos de blanco preguntan a los discípulos: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo?” (Hch 1,11). Los cristianos no podemos quedarnos solo contemplando; estamos llamados a continuar la misión de Jesús.

La primera lectura resume muy bien este envío misionero: “Ustedes serán mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8). Jesús quiere que demos testimonio de su vida y de su amor con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestras obras. El mundo creerá en Cristo si descubre en nosotros auténticos signos de amor y de servicio.

Además, la misión aún no ha terminado. Todavía hay muchas personas que no conocen verdaderamente a Jesús. Por eso, la Iglesia sigue siendo enviada a anunciar el Evangelio comenzando por nuestra propia casa, nuestras familias, nuestros barrios y lugares de trabajo, hasta llegar a todos los rincones del mundo.

Cercana ya la fiesta de Pentecostés, recordamos que no estamos solos en esta tarea. El Espíritu Santo será la fuerza que sostendrá nuestra misión y nos ayudará a ser verdaderos testigos del Señor resucitado.

P. Tito Romero, cm.

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